En Puerto Real jugamos todos

Por Juan Luis Gámez Ortúzar (escrito el 20 de abril de 2008)


Íbamos con la ilusión de poder mantener la renta conseguida siete días antes en nuestra cancha. Sabíamos del infierno que nos íbamos a encontrar. Intuíamos un ambiente hostil, un equipo peleón y aguerrido como pocos. Pero nunca pensábamos que nos volveríamos con la cabeza baja aunque intentando animar a unos jugadores que no tenían consuelo.

Imagen de los aficionados desplazados a Puerto Real

Aproximadamente setenta marbellíes nos desplazamos el sábado a la localidad gaditana de Puerto Real para vivir con el CB Marbella el partido de vuelta de la eliminatoria de ascenso a la Liga EBA. Doscientos kilómetros (y otros tantos de vuelta) para sufrir en la grada lo que sabíamos también tendrían que soportar los jugadores en la cancha. Las Canteras, aupado por su afición, hizo su partido, manejaron el “tempo” del juego, llevaron la lucha a su terreno, que no es otro que la guerra, la batalla, la lucha, la brega, la tensión, la agresividad... Con esa disciplina y esa combatividad es muy difícil hacerles frente. Pese a la superioridad técnica de los azulones, el desquiciamiento psicológico hizo mella en los marbellíes y ello provocó continuos fallos desde la línea de tiros libres y constantes pérdidas de balón (precisamente, los mismos fallos del partido de ida y que permitió que los gaditanos “salieran vivos” del Pabellón Antonio Serrano Lima únicamente con siete puntos de desventaja).

Desde la grada se intentó todo. Y aunque el “Infierno” que esperábamos fue tal, en una cancha que ya quisiéramos para nuestra ciudad, no nos arrugamos y, ataviados con trompetas, tambores y bocinas, quisimos animar a los jugadores, al mismo tiempo que influir en el dúo arbitral y en los propios puertorrealeños. Pero no hubo forma. Mucha presión era la que tenían nuestros jugadores, y más aún por la actitud de los gaditanos (loable en todo momento, ya que son el tipo de jugador que todo entrenador quisiera...), que “muerden” y luchan hasta la extenuación, ayudado eso sí, por una excesiva permisividad arbitral, pero que en ningún momento pilló por sorpresa a jugadores y afición. Sabíamos que los aguerridos jugadores de Las Canteras jugarían rozando la ilegalidad en cuanto a la actitud defensiva (y rebasándola la mayor parte de las veces), que no permitirían fáciles tiros, que presionarían la subida de balón “dando hasta en la chistera”, y también suponíamos -porque lo vivimos en nuestra propia cancha- que bajo los aros pitarían poco. Y así fue.

Tras la debacle en el marcador, y a la finalización del partido, los jugadores aplaudieron el apoyo que habían recibido por parte de los aficionados desplazados y éstos le recompensaron con una sonora ovación. Emotiva también fue la salida de los jugadores desde los vestuarios, a través de un pasillo que formamos los aficionados. Observar como hombretones de dos metros de altura, con lágrimas en los ojos, habían visto escapar el sueño de alcanzar las semifinales de ascenso a una categoría superior. El viaje de vuelta, a altas horas de la madrugada y con una lluvia incesante, fue triste y duro. En la parada que se efectuó a mitad de camino, en Medina Sidonia, pudimos intercambiar impresiones con jugadores y cuerpo técnico. “Venimos de la guerra”, fue la expresión unánime, ya que algunos jugadores volvían mermados físicamente (Marvin con el hombro en cabestrillo, Diego Muñoz y José Jaén con problemas en la rodilla y tobillo respectivamente) pero todos con la mayor de las mermas, el ánimo muy bajo, por los suelos, el cual intentaba elevar tanto el entrenador Pablo Bernabé (en quien también se notaba la gran desilusión sufrida), como la directiva y los aficionados que sabíamos de la dificultad del envite pero nunca imaginábamos el duro golpe sufrido.

En Puerto Real no sólo compitieron los jugadores. Haciendo uso del lema que surgió para este partido y que suponía un llamamiento a la afición: en Puerto Real jugamos todos. También allí... sufrimos todos.


Página 18 de La Tribuna (23-04-08) - Publicación del artículo

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