Por Juan Luis Gámez Ortúzar (escrito el 17 de octubre de 2006)
La revolución que anticipaba Capello no ha llegado a tal. Aunque a lo mejor la revolución simplemente era acordarse de que tenía en el ostracismo a un gran jugador, un pelotero que ha sacado a este equipo de situaciones peligrosas (tanto defensivas como ofensivas), alguien que ha demostrado su amor al escudo, que siempre ha metido la pierna...
Despojarle de su número 6, ni convocarle, hacerle entrenar con los juveniles... Y mientras, ni rechistar casi (cuando otros de los galácticos – maldito término – hubiesen montado en cólera, se hubiesen ido a su país a llorar o “montar el pollo” ante la prensa...) ha sido una guarrada y una fechoría (por no decir una trastada... o una felonía).
La revolución que anticipaba Capello no ha llegado a tal. Aunque a lo mejor la revolución simplemente era acordarse de que tenía en el ostracismo a un gran jugador, un pelotero que ha sacado a este equipo de situaciones peligrosas (tanto defensivas como ofensivas), alguien que ha demostrado su amor al escudo, que siempre ha metido la pierna...

Despojarle de su número 6, ni convocarle, hacerle entrenar con los juveniles... Y mientras, ni rechistar casi (cuando otros de los galácticos – maldito término – hubiesen montado en cólera, se hubiesen ido a su país a llorar o “montar el pollo” ante la prensa...) ha sido una guarrada y una fechoría (por no decir una trastada... o una felonía).



No hay comentarios:
Publicar un comentario