Por Juan Luis Gámez Ortúzar (escrito el 21 de septiembre de 2008)
Hace tiempo, en otras tribunas -privilegiadas- como esta, intenté hacer un ejercicio de análisis, no sobre la limpieza o suciedad de Marbella, sino sobre lo limpios o lo sucios que son algunos en este bendito pueblo. Y sobre todo, en lo egoístas que son muchos cuando les interesa más saciar su vicios que mantener limpia la vía pública, que como bien ha repetido en innumerables ocasiones el concejal del ramo, “la calle es el salón de todos”.
Observo diariamente actitudes que serían reprochables increpables y reprendibles, pero tampoco es plan de ir peleándose con todo “bicho” viviente (porque algunos se comportan más como animales que como personas). Hechos tan cotidianos como los que se producen a las puertas de oficinas, ya sean públicas o privadas, donde los adictos a la nicotina apuran sus cigarrillos y lanzan la colilla al suelo; o esos mismos incondicionales del alquitrán, cuando abren los paquetes recién adquiridos lanzando el envoltorio de plástico al pavimento y arrojando el paquete viejo a una jardinera; por no hablar de quienes no conocen ni de lejos la utilidad de las papeleras.
Hace tiempo, en otras tribunas -privilegiadas- como esta, intenté hacer un ejercicio de análisis, no sobre la limpieza o suciedad de Marbella, sino sobre lo limpios o lo sucios que son algunos en este bendito pueblo. Y sobre todo, en lo egoístas que son muchos cuando les interesa más saciar su vicios que mantener limpia la vía pública, que como bien ha repetido en innumerables ocasiones el concejal del ramo, “la calle es el salón de todos”.
Observo diariamente actitudes que serían reprochables increpables y reprendibles, pero tampoco es plan de ir peleándose con todo “bicho” viviente (porque algunos se comportan más como animales que como personas). Hechos tan cotidianos como los que se producen a las puertas de oficinas, ya sean públicas o privadas, donde los adictos a la nicotina apuran sus cigarrillos y lanzan la colilla al suelo; o esos mismos incondicionales del alquitrán, cuando abren los paquetes recién adquiridos lanzando el envoltorio de plástico al pavimento y arrojando el paquete viejo a una jardinera; por no hablar de quienes no conocen ni de lejos la utilidad de las papeleras.

Por otro lado, desde el Ayuntamiento se hace un esfuerzo ímprobo para intentar tener las calles limpias (no creo que exista administración que quiera tener sucias sus calles, pero unas les prestan mayor atención a la eficacia, otras prefieren tener limpio “lo que se ve”, y otras se centran más en la defensa del trabajador que precisamente hace de todo menos trabajar). Y cuando el consistorio marbellí lanza continuas campañas informativas sobre las obligaciones de los ciudadanos para con la limpieza, unos hacen oídos sordos, otros se hacen los despistados y muchos, literalmente, pasan del tema. Ahora bien, ¿qué ocurre cuando se da un paso más y se amenaza con sancionar a quien no cumpla el horario de depósito de los residuos en los correspondientes espacios habilitados a tal efecto? ¿Si “nos pillan” tirando la basura a media mañana, sanción al canto? Pero ¿quién sanciona al sancionador? Es decir, si un operario de limpieza, dedicado a la recogida de la broza existente en calles donde predominan los pinos, en vez de hacer acopio de la pinocha en bolsas y dejarlas en diferentes puntos para que posteriormente un camión las recoja, se dedica a llenar los contenedores con maleza, no dejando por tanto espacio para nada más ¿dónde dejamos los vecinos la basura? ¿qué hacemos con las bolsas de restos? ¿nos los comemos o los guardamos debajo de la cama hasta el día siguiente? ¿por qué si los ciudadanos somos sancionados en caso de incumplir el horario de depósito, el funcionario de limpieza hace lo que le viene en gana o alega que es el capataz el que se lo ordena?
Desde siempre, se han escuchado miles de historias sobre los trabajadores municipales dedicados a las labores de limpieza. Entre ese colectivo, hay hombres y mujeres que se dejan la piel en su trabajo (y habría de valorar su profesión en la justa medida) pero hay otros, porque los veo diariamente, que como se dice coloquialmente”no dan ni chapa” o “no dan un palo al aire”, y se les ve barrer con un ímpetu y con unas ganas... Eso sí, en cuanto hay una mínima amenaza de “mano dura” (que no es otra cosa que hacer cumplir a cada uno con el trabajo por el cual se le paga), los sindicatos se echan encima. A lo mejor es hora de desmontar el “chollo” que tienen algunos, y empezar a analizar los derechos... y sobre todo las obligaciones derivadas de esas atribuciones. Y posiblemente haya que empezar a rendir cuentas, que algunos llevan muchos años viviendo del cuento...
Pero lo si hay algo meridianamente claro, eso es el principio de solidaridad que debe existir en cualquier sociedad civilizada. Que si alguien tiene un vicio, que lo sacie pero no a costa de ensuciar la calle. Que si existen unas normas mínimas con respecto a la basura, que se cumplan, pero por todos... Que la limpieza es cosa... de todos.
Desde siempre, se han escuchado miles de historias sobre los trabajadores municipales dedicados a las labores de limpieza. Entre ese colectivo, hay hombres y mujeres que se dejan la piel en su trabajo (y habría de valorar su profesión en la justa medida) pero hay otros, porque los veo diariamente, que como se dice coloquialmente”no dan ni chapa” o “no dan un palo al aire”, y se les ve barrer con un ímpetu y con unas ganas... Eso sí, en cuanto hay una mínima amenaza de “mano dura” (que no es otra cosa que hacer cumplir a cada uno con el trabajo por el cual se le paga), los sindicatos se echan encima. A lo mejor es hora de desmontar el “chollo” que tienen algunos, y empezar a analizar los derechos... y sobre todo las obligaciones derivadas de esas atribuciones. Y posiblemente haya que empezar a rendir cuentas, que algunos llevan muchos años viviendo del cuento...
Pero lo si hay algo meridianamente claro, eso es el principio de solidaridad que debe existir en cualquier sociedad civilizada. Que si alguien tiene un vicio, que lo sacie pero no a costa de ensuciar la calle. Que si existen unas normas mínimas con respecto a la basura, que se cumplan, pero por todos... Que la limpieza es cosa... de todos.
Reproducción de Marbella Express 26/09/08
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