Raíces de Marbella

Por Juan Luis Gámez Ortúzar (escrito el 26 de octubre de 2008)


En una reciente tertulia, donde cada mes tengo la suerte y el honor de compartir mesa y mantel con buenos amigos para hablar principalmente de Semana Santa (que es a lo que nos dedicamos), acabamos derivando la conversación en el análisis de esta Marbella a la que tanto queremos pero que tanto nos sorprende de una forma u otra. Y uno de los razonamientos a los que llegamos es que pese a nuestro -en ocasiones- sentimiento de pueblo, nos faltan fuertes raíces, en comparación con otras localidades cercanas (como por ejemplo, Estepona). Se llegó a comentar que Marbella es un pueblo “de aluvión”, donde han recaído gentes de los más diversos orígenes, y eso ha influido en que no se comprometan con las tradiciones, con las fiestas populares... que muchos cojan “carretera y manta” cuando llegan puentes y fiestas de guardar, para disfrutarlas en sus lugares de origen.

También se afirmó en esa tertulia que es un problema, igualmente, generacional, ya que muchas parejas que viven hoy en Marbella llegaron al abrigo de la bonanza (no esta última sino alguna ya pasada en el tiempo), y lo hicieron en busca de un futuro; y que en este presente los hijos (que ya nacieron en esa tierra), tienen sus amigos, sus compañeros de estudios... tienen su vida hecha aquí... incluso ya tendrán parejas con las que -posiblemente- se casarán en unos años, por lo que ese problema de la procedencia progenitora se verá solventado.

Cualquiera que conozca mínimamente Marbella, sabrá que es un lugar extraño en cuanto a tradiciones: algunas se mantienen pese al trascurso de los años; otras a “trancas y barrancas” sobreviven; y otras modas son cuestión de días, ya que se trata mas bien de modas “gaseosa” (de repente nos da por algo... pero al principio, luego al poco tiempo se nos pasa). Por eso es importante que todos aquellos que quieren a este bello rincón, se vuelquen en el mantenimiento de aquello que nos marca y dignifica como pueblo (y a mucha honra), pero conjugándolo -aunque a veces es difícil- con la condición de ciudad cosmopolita que es, donde nacionalidades y orígenes diversos se funden desde hace mucho tiempo. Por ello, es necesario que aquellos que luchan no sólo por mantener esas raíces sino incluso fomentarlas, se vean arropados, animados, respaldados, alentados... por los que tienen el deber que velar por ello (desde el cargo que ostentan, sea cual sea), pero también por el mismo pueblo, que a veces es demasiado pasivo por no decir pasota, o indiferente por no decir apático.

Que mucha gente de Marbella, mi pueblo, a veces “los tiene cuadrados”, es un secreto a voces. Que cuando hay que arrimar el hombro... en ocasiones “miran para otro lado” (ni siquiera incluso cuando les toca a ellos)- Ignoro si será cuestión de forma de ser, vendrá determinado por la propia generación, o es un caso de simple comodidad, pero como un día dijo alguien a quien admiro en el mundo de las ondas, “no olvidéis nunca vuestras raíces, es lo más grande que tenéis...”. Se puede ser de Marbella o haber vivido de Marbella, pero de una forma u otra, nunca debemos olvidar nuestros orígenes y las raíces de este lugar...

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