Por segundo año consecutivo he tenido la oportunidad y el verdadero honor de acompañar a la Virgen del Carmen, en la procesión marítima entre el Puerto Pesquero y el Puerto José Banús, con retorno a muelle en el Puerto Deportivo. Y lo he hecho trasladando a los oyentes de COPE los sonidos más típicamente marineros en esa tarde del 16 de julio. Y en la pequeña cubierta del Montyoi II, me dio tiempo incluso a reflexionar sobre todo lo que rodea a tan insigne celebración.

Cómo es posible que en un mismo pueblo, y en cuestión de minutos, podamos unir el sabor tradicional, tan típico, tan humilde, tan generoso y tan noble de las gentes de la mar, con la suntuosidad, la ostentación y el lujo de las gentes de Banús... Así es Marbella, tan variopinta y tan desigual.
La razón, no podemos encontrarla, ni debemos buscarla. Pero durante unas horas, esas dos Marbellas que percibo, tan distantes unas de otras, se funden por momentos, para rendir homenaje a quien salvaguarda a todo el que surca los mares de Marbella, ya sea en busca del sustento diario, o ya sea simplemente como pasatiempo...

Pero también pude observar, y es algo que se está comentando en algún foro internauta, la desvergonzada actitud de unos cuantos, a lomos de motos de agua, desvirtuando el paso de la Reina de los Mares, acaparando protagonismo y haciendo todo tipo de piruetas, las mismas que llevan a cabo en tierra firme, con los dichosos “quads” y con esos coches de alta gama que poseen (“demasiado barco para tan poco patrón” pensamos...y nunca mejor dicho). Razón de sobra para que en lo sucesivo, las autoridades marítimas tomen cartas en el asunto y controlen en cierta medida la actitud de unos pocos (que se pueden convertir en unos muchos).
No hay comentarios:
Publicar un comentario