Por Juan Luis Gámez Ortúzar (escrito el 13 de agosto de 2008)
Las obras de construcción, según dijeron en su día, venían motivadas por la compensación que la Junta de Andalucía estaba dispuesta a asumir, en pro de los ciudadanos que años atrás, sufrieron las molestias por la construcción, bajo la antigua N-340, hoy Boulevard Príncipe de Hohenlohe, de una segunda tubería para canalizar el agua proveniente del pantano de la Concepción.
La rotonda, en el entronque entre el mencionado boulevard en honor del creador del Marbella Club, y el boulevard Asmawhi, junto al Complejo Residencial La Carolina, es todo un alarde de pocas luces en cuanto a diseño, construcción y planteamiento. ¿Cómo se les ocurrió crear una rotonda, de esas dimensiones, y en ese lugar, donde ya existían sendas “raquetas” que favorecían el cambio de sentido y no perjudicaban tanto la circulación? Cuando establecieron el radio y diámetro de la misma, ¿Pensaron realmente lo que hacían? ¿No cayeron en la cuenta en la cantidad de accidentes que se podrían producir cuando los vehículos se encontraran de frente con un gran jardín, con olivos y otras especies plantadas en su interior?
En Marbella hemos sufrido alguna época en la que al Ayuntamiento le entró “Rotonditis” (enfermedad motivada por el deseo compulsivo de construir rotondas por todo el término municipal), y pudimos comprobarlo en las situadas en la calle Calvario (todo una desdicha en cuanto a diseño en desnivel) así como en Jacinto Benavente o Pinsapo (todo un espectáculo en cuanto a rebasamiento de los autobuses urbanos o camiones, que no disponen de espacio para el giro). En cualquier rincón de la ciudad había que plantar una rotonda. Rotonda = votos pensaban más de uno…
Pero la establecida en La Carolina se lleva la palma (no de oro, como si fuese el Festival de Cannes), aunque el ingeniero de caminos que preparó su proyecto debería recibir algún tipo de galardón u homenaje por parte del pueblo de Marbella y de sus sufridos conductores. En cambio, el Ayuntamiento, desde hace años, viene anunciando la próxima construcción de una rotonda, que si es necesaria, en el cruce semafórico de Trapiche, donde los embotellamientos en hora punta consiguen desesperar hasta al más paciente conductor. ¿Por qué la Junta no pudo compensar a Marbella con la construcción de esa ansiada y anhelada rotonda? ¿No es realmente más necesaria esa que la situada, y antes mencionada, en La Carolina? ¿Se han parado a pensar en el número de vehículos que circulan por ese punto negro en la red viaria marbellí?
Y aunque no es plan de ponerse a destruir lo construido, seria interesante y conveniente que los técnicos de Tráfico analizaran las situaciones desgraciadas y acontecidas en dicho lugar, y sopesaran los beneficios que produce a la circulación, y los perjuicios que causa a los conductores.
Las obras de construcción, según dijeron en su día, venían motivadas por la compensación que la Junta de Andalucía estaba dispuesta a asumir, en pro de los ciudadanos que años atrás, sufrieron las molestias por la construcción, bajo la antigua N-340, hoy Boulevard Príncipe de Hohenlohe, de una segunda tubería para canalizar el agua proveniente del pantano de la Concepción.
La rotonda, en el entronque entre el mencionado boulevard en honor del creador del Marbella Club, y el boulevard Asmawhi, junto al Complejo Residencial La Carolina, es todo un alarde de pocas luces en cuanto a diseño, construcción y planteamiento. ¿Cómo se les ocurrió crear una rotonda, de esas dimensiones, y en ese lugar, donde ya existían sendas “raquetas” que favorecían el cambio de sentido y no perjudicaban tanto la circulación? Cuando establecieron el radio y diámetro de la misma, ¿Pensaron realmente lo que hacían? ¿No cayeron en la cuenta en la cantidad de accidentes que se podrían producir cuando los vehículos se encontraran de frente con un gran jardín, con olivos y otras especies plantadas en su interior?
En Marbella hemos sufrido alguna época en la que al Ayuntamiento le entró “Rotonditis” (enfermedad motivada por el deseo compulsivo de construir rotondas por todo el término municipal), y pudimos comprobarlo en las situadas en la calle Calvario (todo una desdicha en cuanto a diseño en desnivel) así como en Jacinto Benavente o Pinsapo (todo un espectáculo en cuanto a rebasamiento de los autobuses urbanos o camiones, que no disponen de espacio para el giro). En cualquier rincón de la ciudad había que plantar una rotonda. Rotonda = votos pensaban más de uno…
Pero la establecida en La Carolina se lleva la palma (no de oro, como si fuese el Festival de Cannes), aunque el ingeniero de caminos que preparó su proyecto debería recibir algún tipo de galardón u homenaje por parte del pueblo de Marbella y de sus sufridos conductores. En cambio, el Ayuntamiento, desde hace años, viene anunciando la próxima construcción de una rotonda, que si es necesaria, en el cruce semafórico de Trapiche, donde los embotellamientos en hora punta consiguen desesperar hasta al más paciente conductor. ¿Por qué la Junta no pudo compensar a Marbella con la construcción de esa ansiada y anhelada rotonda? ¿No es realmente más necesaria esa que la situada, y antes mencionada, en La Carolina? ¿Se han parado a pensar en el número de vehículos que circulan por ese punto negro en la red viaria marbellí?
Y aunque no es plan de ponerse a destruir lo construido, seria interesante y conveniente que los técnicos de Tráfico analizaran las situaciones desgraciadas y acontecidas en dicho lugar, y sopesaran los beneficios que produce a la circulación, y los perjuicios que causa a los conductores.
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