Por Juan Luis Gámez Ortúzar (escrito el 15 de agosto de 2008)
Cada día que pasa, estoy más convencido que los futbolistas profesionales son una especie única de sinvergüenzas (tal y como define el Diccionario de la Real Academia de la Lengua dicho término, “Dicho de una persona: Que comete actos ilegales en provecho propio, o que incurre en inmoralidades”).

Cada día que pasa, estoy más convencido que los futbolistas profesionales son una especie única de sinvergüenzas (tal y como define el Diccionario de la Real Academia de la Lengua dicho término, “Dicho de una persona: Que comete actos ilegales en provecho propio, o que incurre en inmoralidades”).

Todo esto viene dado por el galimatías que ha formado el extraordinario jugador del Real Madrid Robinho, y la portada del MARCA de hoy, afirmando la negativa del brasileño a desplazarse a Valencia para el partid de ida de la Supercopa de España.
En cualquier empresa del mundo (y los clubes, al nivel que hablamos, son empresas más que entidades deportivas), si un trabajador se niega a realizar un acto ordenado por un superior, tiene las horas contadas... Ahora bien, en el caso de los consentidos, mimados y malcriados futbolistas, la cosa cambia. Ellos mandan. Ellos cobran una millonada al año. Y ellos hacen lo que les viene en gana. Si firman un contrato, éste parece que sólo acarrea derechos para una parte y obligaciones unilaterales: derecho a cobrar hasta el último céntimo de su sueldo (derechos de imagen aparte), y la obligación de jugar si me apetece, entrenar si me agrada y cambiar de club cuando quiera.
Y si bien los futbolistas son una rara avis, los representantes de los jugadores son auténticos buitres deseosos de cobrar comisiones por cada operación de traspaso y capaces de mover cielo y tierra con tal de sacar tajada. Las palabras del agente de Robinho, haciendo referencia a la esclavitud que está sufriendo el futbolista, pasa de “castaño oscuro”. Pretender equiparar a un jugador que gana millones de euros por trabajar dos horas al día; un jugador que no demostrado ser un super crack sino simplemente un muy buen jugador; alguien que está demostrando que un capricho vale más que un contrato; que los contratos están para incumplirlos y no para respetarlos.¿Cómo se atreven a comparar el sufrimiento de los esclavos con la actitud de estos “niñatos consentidos”?
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