Las otras Marbellas

Por Juan Luis Gámez Ortúzar (escrito el 30 de agosto de 2008)


Deber ser posiblemente producto de la casualidad, pero en los últimos tiempos, cada vez que me siento delante del televisor consigo dar con un programa en el que se habla de mi querido pueblo. El pasado sábado, sobre las 10 y media de la mañana (una hora, verdaderamente intempestiva y no muy habitual para visionar la caja tonta), di con un reportaje del segundo canal autonómico andaluz que llamó mi atención por su titulo, “Las otras Marbellas”. Pensé que de una vez por todas, el ente público emitiría imágenes casi inéditas para los televidentes, sobre todo a raíz del avance que hizo la presentadora del programa, afirmando que podríamos conocer la opinión y la visión de cuatro marbellíes, lejos de los habituales personajes que inundan el “papel couché”.

Y, sinceramente, lo poco que me pudo aportar el reportaje fueron algunas imágenes que si bien no eran desconocidas para mí (y para cualquier conocedor de esta ciudad), si pudieron aportar una visión nueva, sobre todo a vista de pájaro, ya que los ciudadanos de a pie no tenemos forma alguna de poder ver Marbella desde el cielo. Lo que sí pude percibir a los pocos minutos es que definitivamente, esas otras anunciadas versiones de mi pueblo se quedarían en agua de borrajas pues de los cuatro protagonistas propuestos para analizar esas otra perspectivas o esos diferentes enfoques, sólo Miguel Gómez Molina y Francisco Moreno tuvieron la oportunidad de dar a conocer, aunque sea poco -por el escaso margen del que disponían- muchas versiones total y absolutamente desconocidas de aquella Perla del Mar que entonaba el malagueño Antonio Molina.

Menciones al pasado histórico tuvieron su eco, acertado, pues tanto Miguel Gómez como Paco Moreno mostraron a toda Andalucía que disponemos de un Casco Antiguo que a mi entender es único en toda la Costa del Sol, o que los vestigios romanos de Río Verde no hacen más que confirmar el origen milenario de Marbella. Por el contrario, el tercero de los “narradores”, un señor sueco dedicado al negocio inmobiliario, y que afirmaba llevar viviendo aquí más de treinta años, volvió a darle la enésima patada al libro de la historia local. Son ya tantas las veces y tantos los ignorantes (adjetivo que según la Real Academia de la Lengua se define como “quien no tiene noticia de algo”), que desconocen cualquier referencia fiable al pasado, que vuelven a reiterar el origen pescador de este pueblo, que como ya se ha explicado, manifestado, expresado, declarado y exclamado a los cuatro vientos y en miles de ocasiones, es algo no totalmente pero si parcialmente incierto. No insistiré en ello pues contamos con historiadores altamente cualificados que, seguramente, explicarán mejor que yo las industrias, pioneras en algunos casos, con las que contaba la antigua Salduba, y que no sólo se centraban en la pesca exclusivamente.


Vista aerea de la playa de Marbella en los años 60


El reportaje, por tanto, no aportó prácticamente nada que no supiéramos. Y al resto de televidentes del a su vez, resto de Andalucía, salvo fugaces imágenes de algunos pintorescos rincones de esa Marbella desconocida (donde pude contemplar que siguen vigentes algunas tradiciones que nos permiten seguir poseyendo carácter de pueblo andaluz, como aquellas de sacar las sillas a la puerta de los hogares para mantener interminables tertulias vecinales, o las paredes encalás de zonas como El Barrio); o como la cámara filmadora traspasaba el umbral del arco de Marbella hasta en cuatro ocasiones (que no hacía sino enseñarlos la porquería que recoge en la parte interior del mismo, la que no se ve desde fuera...); por no hablar de la reiteración en volver a mostrar sonidos de momentos que no queremos, sinceramente, ni recordar, pues forman parte del pasado más oscuro de esta ciudad, y que algunos se empeñan en sacar de sus archivos constantemente; o la mención a la posibilidad de demolición de viviendas ocupadas, cuando todos sabemos que eso seguramente nunca se producirá, pues no sólo destruirían las edificaciones, echarían abajo todo Derecho registral, el principio de buena fe en Derecho Civil, y el principio de legalidad bajo el cual la administración (en todos sus niveles, nacional, autonómica y local) debe actuar en su finalidad tributaria (es decir, hablando en plata, que tendrán que explicar por qué continuaron recaudando millones de euros en impuestos si ahora afirman que las viviendas gravadas fiscalmente deben ser destruidas...).

Si quieren de una vez por todas, mostrar las otras Marbellas existentes, moléstense en documentarse acaso mínimamente, pregunten, indaguen, investiguen cuántas Marbella realmente se pueden llegar conocer. Por qué no se acercan a las tradiciones que vive y mantiene el pueblo y que están muy lejos de lo que quieren los medios dar a conocer únicamente. Que si bien es cierto que existen otras Marbellas, hay que saber encontrarlas. No es tan difícil.

Reproduccion de Marbella Express de 02/09/2008

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